Observar el sol cuando desciende
al caer la tarde, ver como el cielo se va oscureciendo… sentirme en completa
armonía con la naturaleza, estar sentado en la azotea de lo que hoy es mi
hogar, respirando el poco oxígeno puro que despiden los árboles que están cerca
de mí. Oxígeno que pasa a través de mis vías respiratorias hasta llenar por
completo mis pulmones así como cada parte de mi cuerpo.
Suspiro… intentando que mí gélido
aliento se mezcle con el aire levemente purificado -aquel aire que para todos
es vital y que hoy yace lleno de toxinas- esperando que recorra cada rincón de
esta maldita ciudad. Armando rompecabezas con el viento, clasificando a cada
persona como si fuese una especia de juego, esperando encontrar alguna
diferente.
Suspiro… levantando la mirada y
viendo como unas pequeñas luciérnagas se posan sobre mi ¿Querrán decirme algo?
O tal vez sólo están aquí para ayudar a consumir mi cuerpo como aquella pira
que nunca se encendió, ayudarlo a formar de alguna forma parte de los “No vivos”
a través de su singular danzar. Todo se torna pacífico, es como si me
encontrase en la azotea de del edificio más alto esperando caer. Sentir como la
briza fresca golpea mi rostro, observar mis lágrimas caer y perderse en el gran vacío que se encuentra debajo de mis
pies, los gusanos no invaden aquel cuerpo en pleno estado de descomposición...
Observar como todo se torna
completamente oscuro, ver como una a una las estrellas ocupa el cielo y
acompañan a la luna en el réquiem que ha de empezar a entonar mientras las luciérnagas
siguen llegando a éste tranquilo lugar.
Suspirar nuevamente esperando que
no sea el último suspiro. Escuchar cuan sutilmente todo una orquesta empieza a sonar…
observo mis manos y veo como comienzan a desvanecerse, como si estas pequeñas
criaturas al hacer contacto con mi piel la quemasen y provocasen el mismo
efecto de un pedazo de papel que se consume en el fuego. Las cenizas se
esparcen con el viento lentamente. Mis ojos se cierran y mi mente se deja llevar por la canción.
Encima de la azotea toda parecía
ser tan normal, pude observar como las personas se sumergían cada vez más en su
mar de egocentrismo y materialismo irracional. Como los escarabajos huyen de
ellos, no por temerles, sino, porqué incluso a ellos le apestaba rotundamente
su sentido de normalidad y aquel fétido olor que al aire había logrado inundar.
Ya las luciérnagas se han empezado a marchar y mi mente danza junto a ellas
mientras el cielo sigue con su ¿Recitar?

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